29/11/2022
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Los miedos y nuestras formas cotidianas de manifestarlos

¿Podríamos sobrevivir sin sentir miedo? Si bien es cierto que el miedo como  respuesta primitiva e innata se suele asociar con un malestar emocional, la realidad es que el miedo siempre ha sido (y continuará siendo) un factor imprescindible y determinante para la supervivencia de las especies, incluyendo la nuestra.

Sentir miedo es la reacción automática que tenemos ante los peligros y las amenazas inminentes que atentan contra nuestro bienestar y ante los que nos sentimos sin recursos. El miedo provoca conductas de autoprotección y gracias a él mejora nuestra capacidad de respuesta eficaz, ya que nos hace ver que tenemos que prepararnos para reaccionar ante ese peligro. El miedo nos mantiene en el aquí y el ahora y, a la vez, nos mueve a preocuparnos por el futuro próximo y por cómo estar mejor preparados para su llegada. Por ejemplo, si en un momento dado te piden que seas ponente en una conferencia, tu primera respuesta puede ser de miedo y esto, precisamente, te lleva a prepararte muy bien el tema con el fin de hacerlo lo mejor posible.

El miedo es una emoción necesaria para alertarnos y ponernos en acción y está presente en nuestros procesos cognitivos y afectivos, detrás de muchas de nuestras conductas. No siempre se manifiesta de una manera clara y concisa, sino que tiende a mezclarse con aspectos cotidianos de nuestras vivencias diarias. Y, aunque es cierto que el miedo puede protegernos, si aparece en exceso también puede llegar a ser un impedimento para alcanzar nuestro bienestar, convirtiéndose así en un arma de doble filo.

Cómo se produce el miedo

Para entender el miedo y cómo se manifiesta, primero debemos saber cuál es su origen. Las bases neurológicas del miedo yacen en nuestro sistema límbico (también conocido como el cerebro emocional), que está compuesto por un conjunto de estructuras cerebrales involucradas en la gestión de las emociones. Una de estas estructuras límbicas, la amígdala, es la encargada de procesar toda la información sensorial y, por ende, de activar las alarmas de peligro ante situaciones amenazantes.

Las respuestas ante el miedo son instintivas y fisiológicas y pueden ser tres: luchar, huir o quedarnos paralizados. Una cuarta respuesta posible es el mecanismo de la persuasión ante personas que percibimos como peligrosas, pero eso ya requiere una capacidad de respuesta lógica más allá de la instintiva.

Imagina que estás caminando de noche por un callejón y una persona que crees que tiene intención de robarte se acerca a ti. Tu sistema nervioso, a través de la amígdala, detectará esta posible amenaza y tu cuerpo pasará automáticamente a un estado de alerta al no saber qué hacer al respecto. La respuesta será una de estas: 

  1. luchar contra la persona
  2. huir y correr para alejarte lo más rápido posible
  3. entrar en un estado de parálisis y permanecer quieto, sin capacidad de responder de ninguna otra manera
  4. recurrir a la persuasión, acercándote al otro con el fin de que no te agreda

En este ejemplo, el miedo que sentimos no está camuflado, es un miedo directo. Tememos por nuestro bienestar y reaccionamos de una manera u otra para salvaguardar nuestra supervivencia. Sin embargo, es muy frecuente que hayamos aprendido a tener miedo a determinado tipo de situaciones que no deberían provocarnos miedo, y esto condiciona nuestra respuesta y la hace disfuncional y perjudicial para nuestro bienestar emocional. 

Tipos de miedos y sus manifestaciones cotidianas

Cuando tenemos miedos específicos es que hemos aprendido a asociar cierto tipo de situaciones con amenazas y de ahí que en esas situaciones anticipemos miedo, aún cuando tengamos capacidad de respuesta efectiva. Estos miedos aprendidos no son sólo respuestas automáticas frente a un peligro sino complejos patrones de respuesta frente a determinados tipos de situaciones ante las que hemos aprendido a sentir miedo.

A continuación, veremos algunos miedos aprendidos de los que solemos hablar habitualmente y la manera en la que los manifestamos: 

Miedo al cambio

Esta situación se relaciona con la respuesta de incomodidad ante lo desconocido, de aversión al peligro. En algunos casos viene determinado por el tipo de personalidad y, en otros, se manifiesta mediante la necesidad de controlarlo todo. Hay personas que se sienten incómodas con el cambio y más si este se produce en el último momento.

Miedo a la incertidumbre y a lo desconocido

Las personas, generalmente, nos sentimos incómodas ante la incertidumbre y lo desconocido, nos gustan la seguridad y el terreno ya explorado. Ya lo dice el refrán: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Tener miedo a lo desconocido se manifiesta como una respuesta de ansiedad anticipatoria negativa ante lo que no sabemos.

Miedo a lo diferente

Una ¨mente cerrada¨ rehúsa considerar perspectivas u opiniones distintas a las suyas y se empeña en que su forma de pensar es la única correcta, en vez de considerar que la suya es sólo una pequeña percepción de toda la realidad. Esta falta de flexibilidad cognitiva es una forma de resistencia psicológica ante lo diferente y puede persistir aunque exista evidencia que demuestre todo lo contrario a lo que se cree. La rigidez mental puede bloquear nuestra empatía y apertura hacia los demás.

Miedo al fracaso

El perfeccionismo excesivo y la procrastinación son las maneras cotidianas de manifestar este miedo. Por un lado, se quiere dominar cada aspecto y hacerse cargo de todo para evitar de todas las maneras posibles que ese fracaso se cumpla. Por otra parte, un procrastinador también tiene la necesidad de que las cosas le salgan perfectas, pero su inseguridad y desconfianza hacia sí mismo es tan severa y el miedo al fracaso es tan intenso que se ¨autosabotea¨ y aplaza la tarea hasta el último momento, cuando no tiene más remedio que realizar el trabajo lo mejor y lo antes posible. Si el resultado final no es lo suficientemente bueno, esto supondrá un golpe para su autoestima pero, al haber hecho la tarea a última hora, podrá achacar su fracaso al hecho de haber procrastinado y no a un defecto en sus habilidades o capacidades.

Miedo al éxito

La ansiedad anticipatoria hace sufrir doblemente: antes y durante la situación que ocasiona el malestar y, en muchas ocasiones, no solo no evitamos dicho malestar, sino que lo hacemos realidad. En psicología, esto es conocido como la ¨profecía autocumplida¨, ya que no estamos adivinando el futuro, sino más bien provocándolo de manera inconsciente con nuestro propio comportamiento. Tener una mentalidad negativa y pesimista, la procrastinación, el síndrome del impostor (dudar de que seamos merecedores del éxito) y el autosabotaje son maneras de manifestar esta ansiedad anticipatoria conocida como miedo al éxito.

Miedo al abandono

La culpa, el apego inmediato y ser excesivamente complacientes con los demás son maneras de intentar reducir la ansiedad que nos produce el miedo al abandono y a estar solos. Las personas que temen ser abandonadas anteponen las necesidades de los demás a las suyas, por lo que terminan manteniendo relaciones tóxicas e insostenibles con mucha dependencia emocional.  

Miedo al compromiso

La evitación de implicarse emocionalmente con otras personas puede estar escondiendo un miedo al compromiso. Las personas que manifiestan este miedo se aferran a la idea de que no pueden mantener relaciones a largo plazo porque nadie cumple con sus expectativas, las cuales son inalcanzables, o porque son altamente independientes y aborrecen la idea de depender emocionalmente de otra persona. Interpretan el compromiso como una pérdida de libertad y autonomía, por lo que se aíslan emocionalmente o autosabotean sus relaciones de una forma u otra. La realidad es que estos dos aspectos no son excluyentes: podemos mantener nuestra esencia como individuos y crecer a través del compromiso y confianza hacia los demás.

Miedo al rechazo

Según el psicólogo Abraham Maslow, todo individuo desea cubrir sus necesidades básicas y una de ellas es la de necesidad de pertenencia. Para ello, busca la aceptación por parte de un grupo o comunidad. Sucumbir ante la presión social y realizar acciones para seguir con el statu quo, aunque no sean de nuestro agrado o vayan en contra de nuestros principios, es una manifestación de esta necesidad de pertenencia. Aunque formar parte de una comunidad es necesario, también lo es recordar cuál es la aceptación más importante que debemos perseguir a lo largo de nuestras vidas: la aceptación de nosotros mismos.

¿Cómo podemos sobrellevar el miedo?

1. Aceptar nuestro miedo como una respuesta natural. El primer paso es reconocer que existe una necesidad de protegernos y aceptar el miedo como algo natural. Tener miedo al miedo no sólo no nos va a ayudar sino que nos va a impedir responder correctamente ante él. Interprétalo como una señal de que tienes que prepararte para responder de una manera u otra.

2. Acudir a terapia psicológica. De todos los tipos de intervenciones psicológicas, la terapia cognitivo-conductual (presencial u online) es el abordaje más comúnmente empleado para el tratamiento de los miedos y su expresión mayor, las fobias. Se enfoca en la reestructuración cognitiva (transformación del pensamiento) para poder modificar o erradicar la conducta no deseada, y la exposición sistemática (adaptación gradual ante el factor estresante) es su herramienta más eficiente.

3. Practicar mindfulness. A través de esta técnica de meditación consciente y plena, podemos lograr una gestión adecuada de las emociones mediante una correcta percepción, regulación y expresión de estas, centrándonos en el momento presente y evitando así la anticipación negativa de acontecimientos futuros y la ansiedad que esto conlleva.

4. Cambiar el enfoque. En vez de buscar el éxito y/o evitar el fracaso, podemos concentrar toda nuestra atención en gestionar lo que está en nuestra mano, lo que podemos hacer aquí y ahora, y en disfrutar del proceso, así el miedo al resultado se diluirá porque este no será una variable tan importante. 

5. Reivindicar la experiencia. Haya salido bien o mal, la experiencia es la oportunidad de aprendizaje y crecimiento. Si lo vemos así no sufriremos con la idea de fracasar o de ser rechazados, sino que aprenderemos y creceremos como personas.

La lucha por la supervivencia y la autodestrucción son dos caras del miedo. La diferencia consiste en la gestión de nuestras emociones y pensamientos, que tendrán una repercusión en nuestra conducta. Podemos dominar el miedo o dejarnos dominar por él, podemos dejar que nos impulse o que nos derrote, la decisión es nuestra.

Referencias
González, V. (2 de septiembre de 2021). Los neandertales simbolizan nuestros propios miedos: la supervivencia y la extinción pueden tener más que ver con la suerte que con la inteligencia. Muy Interesante. https://www.muyinteresante.es/ciencia/articulo/los-neandertales-simbolizan-nuestros-miedos-la-supervivencia-y-la-extincion-a-veces-pueden-tener-mas-que-ver-con-la-suerte-que-con-la-inteligencia-521630581964
Guzmán, F. (27 de febrero de 2020). El miedo, respuesta de sobrevivencia humana. Gaceta UNAM. https://www.gaceta.unam.mx/el-miedo-respuesta-de-sobrevivencia-humana/
Rodríguez, H. (20 de marzo de 2020). ¿Cómo se genera el miedo en tu cabeza?. National Geographic España. https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/como-se-genera-miedo-tu-cerebro_15293
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