21/11/2022
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¿Cómo conocer tus limitaciones como terapeuta?

Para algunas personas la idea de apoyar a los demás en los malos momentos, escucharles, ayudarles, validarles emocionalmente y sacar lo mejor de ellos resulta atractiva. No es de extrañar, por ello, que el estudio de profesiones asistenciales como la psicología hayan despertado mucha curiosidad entre la población, siendo esta uno de los grados universitarios más ofertados y demandados (en concreto, ocupa la cuarta posición en cuanto a demanda). Sin embargo, aunque el apoyo a otras personas pueda parecer algo muy reconfortante, no se suele tener en cuenta la carga emocional que esta profesión supone o los límites que se deben establecer en terapia para evitar implicarse emocionalmente. 

Por ello, un gran paso, tanto para ser un buen profesional de la terapia psicológica como para evitar el sufrimiento y el posible síndrome de burnout durante tu vida profesional como psicólogo, es trabajar el autoconocimiento que te permita superar las dificultades asociadas a este ejercicio profesional.

Limitaciones en el ejercicio terapéutico

A continuación te presentamos alguna de las limitaciones que podrían estar influyendo en tu ejercicio profesional y qué puedes hacer para no dejar que lo dominen:

Prejuicios y juicios de valor 

  • Limitación: no hay que olvidar que los terapeutas son personas y, aunque se pretende tener una aceptación incondicional del paciente, a veces es difícil no tener pensamientos y opiniones prejuiciosas. Los juicios son ideas sobre el mundo que están íntimamente ligadas a nuestros valores, principios personales, emociones y personalidad. En este sentido, son ideas establecidas que tenemos ante una situación y dependen de nuestra propia experiencia.  No cabe duda de que estas ideas pueden facilitar nuestra economía cognitiva y dotarnos de sensación de control y, en ocasiones, tendemos a reforzar esa idea preconcebida debido a nuestra memoria selectiva, que nos hace recordar en mayor medida los hechos que son congruentes con esas creencias. Sin embargo, no debemos olvidar que estos pensamientos son limitados y están cargados de errores. 
  • Solución: esta estructura de pensamiento prejuiciosa siempre va a existir en todos los humanos, pero, a través del autoconocimiento, debemos tomar conciencia y darnos la oportunidad de saber que este tipo de pensamientos contienen errores, ya que cada persona es distinta y nuestro trabajo es sacar lo mejor de ellos, por lo que debemos establecer ciertos límites para que no afecte a nuestra área profesional. Desarrollar el hábito de darnos cuenta de nuestro discurso mental y cómo afecta a la relación terapéutica es fundamental para estar disponible para el paciente.

Falta de experiencia 

  • Limitación: la falta de bagaje profesional es una situación en la que se ha encontrado alguna vez todo terapeuta. No olvidemos que hasta el psicólogo más experimentado ha tenido que ser un terapeuta novel para construir quien es ahora mismo. Sin embargo, esta falta de experiencia puede conducir a inseguridades o errores de pensamiento que repercuten en nuestro proceder terapéutico. 
  • Solución: sin duda, la psicología es una profesión que debe estar en continuo reciclaje y todos los avances científicos que se van descubriendo influyen en la forma de entender a la persona, el problema que manifiesta, las técnicas o las propias terapias. Por ello, el continuo aprendizaje es un requisito para todo profesional. Pasando a los profesionales noveles, que pueden ser los que mayor inseguridad manifiesten a la hora de proceder; el hecho de llevar a cabo supervisiones por otros terapeutas con mayor bagaje puede facilitar el crecimiento tanto a nivel personal como profesional. También debemos tener en cuenta que no se puede ser experto en todo, por lo que, a veces, derivar a otros compañeros que presenten mayor experiencia en el ámbito puede ser la decisión más acertada.

Sesiones rígidas y directivas

  • Limitación: durante la formación nos insisten a menudo en el uso de determinados instrumentos de evaluación o técnicas. El hecho de centrarse demasiado en los mismos y obviar al paciente y la relación con el mismo, puede suponer un error grave. Es frecuente que, sobre todo al principio de la carrera como psicoterapeuta, la ansiedad que supone no controlar el proceso y la intolerancia a la incertidumbre hacen que las sesiones sean muy rígidas y directivas por parte del profesional para poder tener mayor sensación de control de la situación y notarse más seguro. Sin embargo, esta forma de proceder rígida puede debilitar la alianza terapéutica y que no se establezca la correcta relación entre terapeuta y paciente, algo que todos los enfoques coinciden en recalcar que es imprescindible para la mejora del paciente. 
  • Solución: la alianza terapéutica es un pacto en la relación terapeuta-paciente que incluye tanto un vínculo emocional entre los participantes del proceso como un acuerdo sobre los objetivos y tareas terapéuticas. Cabe destacar que es un proceso continuo y se debe ir adaptando a las distintas fases y momentos de la terapia, ya que debe poder cubrir las necesidades del paciente.

Estereotipos personales

  • Limitación: hay que tener en cuenta que muchas personas que acuden a consulta no saben muy bien cómo trabaja un psicólogo. Hay pacientes que creen que solo por el hecho de acudir al psicólogo se va a producir una mejora inmediata en ellos sin necesidad de involucrarse en el proceso de terapia. De este modo se producen juicios hacia el terapeuta, al que consideran buen o mal psicólogo y, en consecuencia, tanto el profesional como el paciente pueden adoptar actitudes al respecto que formarán estereotipos y que repercutirán en el proceso terapéutico. 
  • Solución: una anticipación a la hora de explicar nuestra labor podría ser crucial en el proceso, haciendo ver al paciente que el cambio lo tiene que hacer él con nuestra guía, pero que no somos nosotros los que hacemos el cambio. El terapeuta no deja de sugerir, pero es el paciente el que debe elegir seguir esas indicaciones. 

¿Simpatía o empatía?

  • Limitación: a pesar de que estas palabras se utilizan indistintamente, no son lo mismo. La simpatía supone una preocupación por una persona y el deseo de su mejora desde su propio paradigma: ves las cosas como esa persona, sintonizas con ella. Sin embargo, la empatía supone reconocer las emociones y los pensamientos en el otro desde la propia experiencia personal, de forma que, si una persona es empática, se pone en la piel de la otra persona, entendiendo tanto su situación actual como su estado emocional en toda su complejidad. La empatía, por lo tanto, implica distinguir los estados emocionales de los demás y tomar perspectiva de lo que la otra persona nos quiere decir. 
  • Solución: para ello, se necesita realizar una escucha activa tanto de la comunicación verbal como de la no verbal, mostrar comprensión y validación emocional y prestar apoyo emocional si fuera necesario. El riesgo para el terapeuta es entrar en simpatía, acumulando las emociones, por lo general negativas, del paciente. Por ello, es imprescindible tomar distancia del paciente y entender que lo que le pasa, le pasa a él, pero no tiene por qué asumirlo el terapeuta.

Falta de autoaceptación y rol de salvador

  • Limitación: si bien es requisito de un buen psicólogo el querer apoyar a los demás, no debemos olvidar que no todo depende de nosotros. Sin duda hay personas que no están dispuestas a realizar sacrificios para cambiar y hay cosas que nos resultan incontrolables, pero no porque el cliente no cambie significa que seas un mal profesional. Además, y muy importante para la relación terapéutica, es posible que nos enredemos en un juego psicológico asumiendo el rol de salvador y viendo al paciente como una víctima a la que tenemos que salvar, como describe Karpman en su teoría sobre el triángulo dramático. Ejercer este rol supone restar al paciente de su derecho a progresar de forma autónoma y, con ello, impedimos su crecimiento óptimo.  
  • Solución: por ello, la autoaceptación y la flexibilidad con uno mismo deben ser imprescindibles para evitar que nos sintamos culpables porque el paciente no cambie. Es momento de darnos cuenta de si el refrán, “consejos vendo, que para mí no tengo” nos afecta. 

Consecuencias de las limitaciones en el ejercicio terapéutico

Estos son algunos de los frenos a un ejercicio terapéutico exitoso, ya que pueden afectar a la relación terapéutica y a su adherencia y, además, a la percepción de eficacia y confianza que tengamos en nosotros mismos. Por ejemplo, en el caso de los juicios de valor, el paciente puede realizar una valoración de la actuación del profesional y sentirse juzgado por lo que, en ocasiones, no solo se traducirá en un abandono terapéutico, sino también en una falta de confianza hacia la profesión, dejando sin resolver el problema que le trae a consulta. La visión de falta de experiencia del psicoterapeuta también puede suponer el abandono y la desconfianza hacia la psicología. 

Todas estas experiencias podrían llevar al terapeuta a cuestionarse a sí mismo como buen profesional, lo que mermaría su bienestar psicológico, creando un círculo vicioso de inseguridades que se iría agrandando conforme sucedan nuevas experiencias que categorice como fracasos profesionales. Por todo ello, el proceso de autoconocimiento es un pilar fundamental para evitar los temas que te resuenan o con los que te podrías implicar emocionalmente, afectando a tu área profesional. Hay que tener en cuenta que conocer los límites de la profesión es el primer paso para poder gestionarlos y superarlos. Por ello, es importante como profesional no solo trabajar en el bienestar de los demás, sino en nuestro propio autoconocimiento, siendo este proceso transversal y necesario para todos los psicoterapeutas.

En conclusión, son muchos los riesgos y limitaciones a tener en cuenta en el ejercicio de la terapia. Incluso puede que necesites apoyo profesional de cara a mejorar los niveles de tu propio de bienestar, siendo la terapia, como bien sabes, una de las principales opciones en el proceso de autoconocimiento, crecimiento y mejora personal. 

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