10/10/2022
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10 de octubre: ¿por qué existe un Día Mundial de la Salud Mental? 

¿Sabías que el 10 de octubre de cada año se celebra el Día de la Salud Mental? La iniciativa para celebrar este día corresponde a la Federación Mundial de la Salud Mental (WFMH, siglas en inglés) y se celebra en más de 100 países en todo el mundo. Cada año la organización elige un ámbito de la salud mental y lo desarrolla en forma de acciones, lema y contenidos para fomentar una buena concienciación del tema que afecta a millones de personas en todo el mundo.

España no es una excepción y celebra el Día de la Salud Mental con entidades y asociaciones como la Confederación de Salud Mental España para visibilizar esta problemática en nuestra sociedad, aparte de reivindicar sus derechos y necesidades. Estas entidades desarrollan para ello actividades y jornadas formativas e informativas, actos institucionales, actos reivindicativos, campañas de sensibilización a diferentes colectivos de población, etc.

Que exista un día así parece positivo y así lo es, pero también denota que es algo excepcional a celebrar y recordar cada año y que no está completamente normalizado ni en la sociedad ni en el sistema sanitario, al igual que en otros muchos países. Sirva como dato que en España tenemos 6 psicólogos por cada 100.000 habitantes y, en Europa, la media se sitúa en torno a 18 psicólogos (INE, 2021). Prevalece en primera instancia la línea biomédica en la salud mental pública vinculada a psicofármacos y, en casos más puntuales, un paciente puede ser derivado a un psicólogo por un médico. Queda trabajo por hacer para que la salud mental sea un derecho básico de acceso al cuidado y, por ello, este tipo de celebraciones puede ayudar a la concienciación y visibilización de esta problemática en continuo aumento, unida a estilos de vida poco saludables o hechos imprevisibles como fue la pandemia por el virus del COVID-19, que aumentó los casos de estrés, ansiedad, ciertas fobias y estados depresivos. 

Antes o después, nuestra salud mental podrá necesitar algún tipo de cuidado y asistencia, al igual que ocurre con nuestra salud física. Parece habitual y totalmente normal, por ejemplo, ante un catarro, fiebre o infección, ir al médico y, en igual medida, debería serlo ir al psicólogo ante una pérdida (laboral, personal o sentimental), una situación ansiosa o una fase de nuestra vida en la que estemos desorientados y que no podamos afrontar sin las herramientas adecuadas.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de un tercio de la población mundial reúne los criterios para ser diagnosticado con al menos una enfermedad mental en algún momento de sus vidas. Si esto es así, ¿nos tomamos lo suficientemente en serio este apartado vital en nuestras vidas?

El estigma sobre la salud mental

Hay que destacar la importancia de celebrar el Día Mundial de la Salud Mental para, entre otros factores, ir superando el problema de la estigmatización sobre la salud mental. Solo imaginemos a lo largo de la historia de la humanidad el trato, en muchas ocasiones inhumano e injusto, que han sufrido personas con problemas y trastornos mentales y que se ha ido transmitiendo a través de la cultura popular: seres humanos apartados de la sociedad y, en ocasiones, vistos como poco más que monstruos, en libros tan universales como el Quijote, al que se trataba como una persona trastornada y exaltada por sus lecturas compulsivas de libros de caballería; el concepto de brujas, asociado sobre todo a mujeres que veían como desequilibradas o tenían comportamientos fuera de lo considerado normal, como los famosos episodios de las Brujas de Salem; en los cuadros de la serie negra de Goya representando a los colectivos marginados y discriminados socialmente por sus problemas mentales, etc.

Lo diferente y lo considerado anormal se castigaba y se apartaba de la vista de las personas consideradas "normales”. Desafortunadamente, el estigma y la discriminación pueden aumentar el sufrimiento y discapacidad de las personas que padecen enfermedades mentales y de ahí la importancia de la celebración de este día.

Así que es esencial que se hable y visibilice la salud mental para normalizar en nuestra sociedad lo distinto, lo que no sigue la norma en el ámbito mental. La población, en general, tiende a sentirse incómoda con el que no se comporta como se espera según estándares y convenciones sociales, el que no sigue la «normalidad». Este hecho es notorio cuando hablamos de aspectos mentales que, al no ser visibles, no son tan fácilmente demostrables o evidentes.

Por esta razón, si alguien no se ajusta a lo que se entiende como normal, se le empieza a etiquetar negativamente, llegando a alcanzar las calificaciones de enfermo mental, loco, inadaptado, esquizofrénico o psicópata, entre otras etiquetas. Con el paso del tiempo estas definiciones calan entre la sociedad llegando a discriminar, marginar y aislar a personas y colectivos que sufren algún trastorno mental puntual o crónico y pudiendo llegar incluso a la violencia física o mental contra ellos por acción u omisión.

Si bien es importante no añadir estigmas a la salud mental, existe un debate importante sobre qué es considerado un comportamiento normal y qué es un comportamiento considerado anormal y asociado a algún trastorno mental. Para diferenciar y clasificar estos trastornos mentales existen manuales y clasificaciones técnicas que nos ayudan a diferenciar, desde una propuesta clínica, qué es lo considerado patológico: el DSM-5 (APA) o el CIE-11 (OMS/WHO). Ambas publicaciones se conforman a partir de una jerarquía estandarizada de criterios diagnósticos. Uno de los objetivos de estos manuales es, precisamente, reconocer un comportamiento que puede ser anormal o incluso patológico. Partiendo de la dificultad que supone definir estos dos conceptos, es útil tener algún baremo o clasificación para poder identificar y diagnosticar trastornos y problemáticas relacionados con la salud mental.

En la edición más actual, el DSM-5 no entra en el debate de definir qué puede considerarse lo normal y lo anormal. Se centra en describir qué se puede entender por trastorno mental, con el objetivo de poder valorar y encontrar la sintomatología y conductas más anormales:

«(…) Un síndrome caracterizado por una alteración clínicamente significativa del estado cognitivo, la regulación emocional o el comportamiento de un individuo, que refleja una disfunción de los procesos psicológicos, biológicos o del desarrollo que subyacen en su función mental (DSM-5, 2013)». 

Concepto en constante evolución

Lo que es considerado normal y anormal ha ido evolucionado y cambiado a lo largo de la historia y, lógicamente, seguirá haciéndolo. Como podemos ver con términos ligados al género, un duelo o, incluso, la propia ansiedad, van percibiéndose de forma diferente de una generación a otra y redefiniéndose como estados que deben clasificarse o desclasificarse de este tipo de manuales diagnósticos.

Habrá intereses a niveles como el sanitario, farmacéutico, económico, social y hasta político, con mucho debate para considerar si un comportamiento es un trastorno o no, lo que puede desvirtuar lo importante, que es el cuidado de la salud mental. Este debate en gran medida se centra en distinguir bien lo que es una respuesta y reacción normal y esperada por una persona ante un evento o situación de estrés o si, por el contrario, es una respuesta desproporcionada ante ese evento y supera nuestros recursos y capacidades para afrontarla y afecta a la calidad de nuestra vida.

En la actualidad, ya va siendo cada vez menos extraño que una persona en un momento de su vida acuda al psicólogo para tratar un tema que afecte a su salud mental, ya sea por algún hecho puntual como una ruptura sentimental, ansiedad en el trabajo, un duelo por la pérdida de un familiar o por una problemática más mantenida en el tiempo y esté ligada a su propia personalidad que afecta a su calidad de vida. Eliminado los estigmas mencionados con anterioridad, se ayuda a que la salud mental sea una prioridad, esté visibilizada y podamos dar soporte y apoyo como sociedad moderna del siglo XXI. Que cada persona cuando lo estime oportuno trabaje e invierta recursos personales y económicos en su salud mental le dará un retorno y una mayor rentabilidad pasado un tiempo y comprobará que ha sido un gasto bien invertido e, incluso, un gran ahorro a medio y largo plazo para su bienestar general.

Razones por las que invertir en nuestra salud mental

  • Porque nos sentiremos más a gusto con nosotros mismos y, por extensión, con los demás.
  • Porque, en ocasiones, tenemos situaciones difíciles de gestionar en nuestra vida (ej: duelos, rupturas, despidos, cambios vitales, etc.) y no tenemos los recursos suficientes o adecuados para afrontarlos.
  • Porque la salud física y mental son la base de una vida plena y un envejecimiento más saludable.
  • Porque merecemos cuidarnos y desarrollar todo nuestro potencial humano.
  • Para adquirir nuevas perspectivas, ya que el estado de nuestro bienestar emocional afectará a nuestra manera de ver los acontecimientos que ocurran en todas las esferas de nuestra vida.

Para finalizar, hacemos una invitación a reflexionar y valorar cómo es la percepción que tenemos de la salud mental, que tipo de opinión tenemos sobre este área y, en particular, cómo la percibimos en nuestra propia piel y si es el momento de solicitar ayuda profesional para incrementar nuestros recursos de afrontamiento ante la vida. 

La idea de celebrar y participar en el Día Mundial de la Salud Mental el 10 de octubre de cada año parece, hoy más que nunca, de actualidad y prioridad para poner el foco en nuestra calidad de vida.

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